1. Lo visual

El aspecto de un vino puede decirnos unas cuantas cosas acerca de su calidad. Pero, para ello, debemos saber cómo mirarlo:

– No debemos mirarlo a trasluz sino inclinado unos 45º sobre un papel o mantel blancos y con buena luz natural. Así comprobaremos si contiene o no defectos como la turbidez.

– Para observar su coloración, en el caso de los blancos el color puede variar del amarillo verdoso al marrón o casi transparente. En cambio los tintos tienden a aclararse con el transcurso de los años: cuando son jóvenes presentan colores azules o violáceos y a medida que pasa el tiempo se transforman en rojo rubí y luego en marrón.

– La profundidad del vino no sólo se vislumbra por medio de coloración sino que también puede detectarse a través de su intensidad. Un tino puede tender al violáceo pero a la vez parecer casi transparente o, por el contrario, tan oscuro como la tinta china. Así podemos determinar la estructura o el cuerpo del vino, que coincidirá con su grado de intensidad. La profundidad se encuentra en relación con la cantidad de extracto seco del vino, que es lo que le queda al vino si se lo reduce y se evaporan el alcohol y el agua.

– También tenemos que considerar la variedad de la uva, ya que algunos cepajes tienen pieles más gruesas o más finas que otras, debido a las condiciones climáticas y de altura. Un Malbec, por ejemplo, presentará tonos más violáceos que un Cabernet, que a su vez presentará más profundidad y color que un Pinot Noir.

2. El aroma

Podemos diferentes el aroma en tres vías diferentes:

– Primaria: los aromas se conectan rápidamente con el aroma de la uva.

– Secundaria: los aromas provienen de la elaboración del vino y también de los derivados de la madera. Principalmente, podemos detectar olores a vainilla, roble y café.

– Terciarias: estos aromas se obtienen por la maduración del vino dentro de la botella. Recuerdan a los hongos y a la tierra. Deben tener un tiempo mínimo de maduración en botella de tres o cuatro años.

3. El gusto

Este aspecto se refiere básicamente al alcohol, aunque también podamos percibirlo por medio del olfato. Con una evaluación cuidada, podemos detectar los grados de acidez que son expresión de buena o mala calidad de un vino, de acuerdo al tipo de vino que estemos degustando.

Si te ajustas a las claves que acabamos de darte podrás detectar la buena o mala calidad de un vino sin mayores problemas. Tu subjetividad también es indispensable, por supuesto que no vas a beber un vino que no te gusta por  más bueno que sea. Pero quizás, con la práctica, puedas entrenar tu paladar para entender por qué te gusta cierto vino, aunque no sea tan bueno, o por qué rechazas el vino de mejor calidad; incluso tal vez descubras que te encuentras en sintonía con los parámetros más objetivos que distinguen los buenos de los malos vinos.